No existe orden jurídico que no reconozca a la vida humana como sustrato esencial, tanto de la propia persona como de la sociedad en su conjunto, estemos o no ante modelos estatales de mínimos rasgos “democráticos”. Esta vocación humanista se patentiza, primero, cuando la vida del ser humano se constituye en una proclama garantista de todas las cartas políticas del orbe; y segundo, cuando esta…